Hoy Titi, la gatita que rescatamos hace un par de meses atrapó una hermosa lagartija,  una grande. Casi siempre hemos podido darnos cuenta de sus intenciones asesinas y hemos podido salvar más de un infortunado reptil, pero en esta ocasión no pudimos hacer mucho.

Me encontraba yo en el estudio tratando de hacer foto macro de una raíz de papa cuando me habló mi novio pidiendo el atomizador de agua y ayuda, en las manos traía al pobre verdugo con la presa en la boca, rugiendo y luchando por mantener la presa, victoria de cacería que, después me enteré llevaba como regalo a los tres mininos que dio a luz hace un mes.

El agua no hizo más que Titi se aferrara más a su presa, fue entonces cuando decidimos emplear otro métodos. Abrirle el hocico fue realmente difícil, cual pitbull felino entre más trataba yo de hacerle soltar a la presa más se aferraba a ella, alcancé a ver la pobre lagartija luchar contra su destino, mordió lo que pudo y sólo alcanzó a arrancar pelo de la barbilla de la cruel Gatúbela que entre la adrenalina y los bufidos amenazantes apenas se inmutó. Al final un palito de madera tuvo que introducirse en la boca de la amazona felina, me temblaba la mano al pensar que podría lastimar algo en su boca o en su caso que ella cerrara el hocico con mis dedos dentro, cedió un poco la prensa mortal y el saurio cayó al suelo y corrió a buscar un sitio seguro con media tripa saliendo de un costado, Titi se soltó y más rápido de lo que corrió el infortunado gecko lo pescó en un santiamén. Tuvimos que repetir el proceso de palanca con el palito de madera pero esta vez no sorprendimos a la instintiva mamá, ya que apretó las fauces más fuerte y rompió el palito de madera por la mitad.

Se acababa el tiempo, la lagartija yacía languideciendo entre los colmillos asesinos, escogimos otro palito de madera más grueso y la palanca volvió a funcionar. Tomé a la desmayada lagartija y fui a dejarla en otro lado que inocentemente creí sería más seguro. Mi novio se alejó con Titi, pensando que se le olvidaría a la pequeña madre  su juego todo se calmó, ingenua yo de haber dejado a la lagartija en un “lugar más alejado” pensé que la pobre tendría alguna oportunidad de sobrevivir o de menos de morir tranquila y no destrozada en las fauces de un gato de 7 meses. No contaba con lo obstinada y excelente cazadora que es mi gata. Lo digo con triste orgullo; ésta empezó a dar paseos en una especie de círculos por todo el jardín hasta que en un segundo ¡zas! se avalanzo contra las hojas y volvió a salir con su premio en la boca.

En esta ocasión el ataque fue fatal, Titi tiró a matar, ya no pensaba en llevarle una presa a sus niños para jugar y entrenarlos en la vida cazadora, no, esta vez Titi herida en su orgullo por perder dos veces a su presa se lanzó a lo seguro y terminó bien lo que había comenzado, ya nada pudimos hacer más que esperar a que se acomodara en un rincón dispuesta a darse un festín y ahí quitarle el cuerpo de tan noble reptil.

Mientras escribo esto no puedo evitar sentirme contrariada, admiro mucho a los gatos, son seres increíbles llenos de una misteriosa hermosura y ternura, pero cuando me topo de frente con su lado cazador me angustio, me deja helada el cambio de su semblante pasivo y tierno por el de un feroz cazador, un asesino frío y calculador capaz de todo por conseguir lo que quiere, me tiemblan hasta los huesos y me dan náuseas y miedo.

Otra de mis pasiones es la foto y como ya tenía todo el mini set para la macro de la papa y en este punto de la historia tenía una lagartija moribunda en las manos que no podía dejar de nuevo afuera sin temor a que fuera nuevamente apresada lo único que se me ocurrió fue tomarle fotos. La vi morir en pocos minutos,  me consolé pensando que era un mejor morir que ser devorada. Mientras tomaba fotos me sentí mal, unos días antes mi novio había tomado unas fotos de una lagartija parada graciosamente sobre una de las varillas de la barda, se nos hizo un nudo en el corazón pensar que podría ser esta misma lagartija que moría sobre la mesa.

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